Publicado el 17/05/2025 por Administrador
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Las calles de La Paz se convirtieron en el escenario de una nueva jornada de tensión política en Bolivia. Miles de simpatizantes del expresidente Evo Morales se movilizaron este viernes 16 de mayo para exigir su habilitación como candidato en las elecciones presidenciales previstas para el 17 de agosto. La manifestación, que partió días antes desde Cochabamba, concluyó con un fuerte despliegue policial y enfrentamientos frente a las oficinas del Tribunal Supremo Electoral (TSE).
La movilización surgió como respuesta a la reciente decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), que ratificó la inhabilitación de Morales para postularse nuevamente, amparándose en el límite constitucional de dos mandatos. El exmandatario, que gobernó Bolivia entre 2006 y 2019, ya ejerció el poder durante tres periodos consecutivos, lo que legalmente impide una nueva candidatura.
Los manifestantes, en su mayoría integrantes de sectores indígenas, sindicatos campesinos y movimientos sociales, marcharon portando wiphalas, pancartas y consignas de apoyo. Frente al cerco policial, algunos se arrodillaron en gesto simbólico de resistencia, mientras otros enfrentaron los gases lacrimógenos y las balas de pintura lanzadas por las fuerzas del orden. El saldo preliminar fue de al menos cuatro personas heridas y una decena de detenidos.
Evo Morales no estuvo presente en la movilización. Desde su bastión político en el Chapare, el exlíder sindical mantiene un bajo perfil ante la orden de aprehensión emitida en su contra por presuntos delitos de índole sexual, acusaciones que él rechaza categóricamente, calificándolas como parte de una persecución política diseñada para impedir su retorno al poder.
La coyuntura ha expuesto profundas fracturas dentro del Movimiento al Socialismo (MAS), partido fundado por Morales y que hoy gobierna con Luis Arce como presidente. Arce, quien en el pasado fue uno de los hombres de confianza de Morales, ha manifestado su respaldo a la decisión del TCP y ha descartado su reelección, apelando a la necesidad de renovar el liderazgo dentro de la izquierda boliviana.
Sin embargo, la postura de Arce no ha logrado calmar los ánimos de la base social que aún se identifica con Morales. La creación de un nuevo movimiento político, “EVO Pueblo”, encabezado por el propio Morales tras su distanciamiento con el MAS, agrega más incertidumbre al panorama. Dicha agrupación aún no cuenta con reconocimiento oficial, por lo que su capacidad para presentar candidaturas está en entredicho.
El TSE ha sido claro en sus declaraciones: Evo Morales solo podría participar como candidato si es postulado por un partido político legalmente inscrito. Mientras tanto, las protestas continúan en distintos puntos del país, con bloqueos intermitentes y advertencias de radicalización por parte de los sectores movilizados si no se revierte la inhabilitación.
Bolivia vuelve así a una etapa de efervescencia social y política, donde el fantasma del pasado reciente —marcado por crisis institucional, renuncias forzadas y polarización— vuelve a rondar. El desenlace de este capítulo dependerá no solo de la justicia, sino también de la capacidad del Estado boliviano para equilibrar la ley, el clamor popular y la estabilidad democrática.